In Memoriam



Blues del Boxeador

A Douglas Rodríguez

Regresa a su casa con la madrugada 
pasado de tragos 
sin pagarse nada. 
Se bebió la noche y antes de acostarse 
se encontró un amigo 
y empezó a acordarse. 

Que fue boxeador hace ya unos años 
que rompió sus manos en una pelea 
te habla de la vida lo que se le ocurre 
conoció la fama, 
pero ahora se aburre. 

Ya no sale su foto en los diarios 
ya no hay más medallas, 
ya no hay más contrarios 
Y el último golpe será cuando un día 
solo lo recuerden 
los viejos del barrio. 

Ahora tiene un perro para la nostalgia 
y las cicatrices que fueron quedando. 
Regresa a su casa 
cuando duermen todos 
la calle da vueltas 
y él va silbando 
solo.

Carlos Varela

Adiós a La Habana



Que llevo tropezada como una casa,
Desde el mar que la circunda y le exige
Hasta los barrios y los primeros caseríos.
Ciudad agrietada cada día por el sol
Y rehecha en silencio
Desde el atardecer
Para que la mañana la encuentre de nuevo intacta,
Con sólo algunos papeles y muchos besos de más.
Única ciudad que me es de veras.
Ni mejor ni peor, ni llena ni pobre: verdadera.
En ella, aldea o paraíso,
Conocí el asombro, conocí el placer,
Conocí el amor, conocí la vergüenza, conocí la esperanza,
Conocí la amistad, conocí el hueco paciente y terrible
De la muerte, conocí el esplendor
Cuando empezaron de nuevo un año y un pueblo.
Lo otro es llenarse los bolsillos
Para la fiesta del regreso.
Aún sin abandonarla, ya se preparan las preguntas.
No sólo preguntas retóricas:
¿Voy a cumplir treinta años fuera de la Habana?
Sino sobre todo preguntas como:
¿Qué haré sin la ventana abierta al cielo?
¿Qué haré sin la grieta de la pared de mi cuarto,
Sin los garabatos de la acera,
Sin los árboles de la cuadra, sin la llamada del teléfono, sin el coro de los choferes?
La ciudad es también (me dirán) el alimento podrido de la traición
Y los pájaros de boca fruncida que graznan con un taconeo rápido.
Pero toda esa mancha de pluma mojada desaparece
Con un solo golpe inmenso y cristalino del mar,
Con una voz antigua como el tiempo
Que se desbarata contra los arrecifes y vuela sobre la ciudad:
Sobre El Vedado carcomido, gris, echado bajo árboles;
Sobre el Malecón veloz de los amantes, los ilusionados pescadores y los niños;
Sobre las viejas fortalezas,
Sobre los parques atestados de héroes de piedra,
Sobre los muelles últimos y tenaces.
Allí, en su borde blanco, en su borde añil,
Está tendida a beber la ciudad.
Saluda a Casablanca del amor,
Y se incorpora en avenidas de árboles y carros,
Atraviesa el vicio silbador, se escurre
Entre callejas de maltratado prestigio,
Llenas de banderas, hierros y agua sucia;
Especula, cuenta, vende,
Hace castillos equilibristas de frutas,
Hojea revistas, busca telas y perfumes,
Canta como una selva profunda,
Persigue en la noche la danza de la noche,
Y luego del Obispo y de Neptuno,
Luego de La Rampa y de la Playa,
Se recoge hacia suaves tinieblas:
Vuelve a la Víbora, regresa a Santos Suárez,
Al Cerro, a Luyanó,
Cierra los ojos, aguarda los pregones.

Roberto Fernández Retamar

Vista del amanecer en el trópico



Y AHÍ ESTARÁ. Como dijo alguien, esa triste, infeliz y larga isla estará ahí después del último indio y después del último español y después del último africano y después del último americano y después del último de los cubanos, sobreviviendo a todos los naufragios y eternamente bañada por la corriente del golfo: bella y verde, imperecedera, eterna. 


Guillermo Cabrera Infante

Eduardo, eras león


A Eduardo, por supuesto, y a Ivonne, porque sí:

-Caminemos, que no se nos pierda la memoria.

Hoy no está ni el jefe de pieza, ni el teniente ni el lento. El viaje ha comenzado y Rogerio Mateo pisa una piedra:

-Tú siempre fuiste modesto Eduardo -te dijo y siguió -incluso cuando eras un león escuchando los pasos en la hierba de Zamora.

-¡Qué noche capitán! -le dijiste pero enseguida te acordaste del viejo y del horno en aquella asamblea. -¿De los electrodomésticos nada no? -preguntaste.

-Rosendo el cojo se lo ganó, pero no han dicho nada aun. Urbano tiene miedo que haya hasta muertos al final del día.

-¡Coño pero es una cuestión de principios! -dijiste.

-Si pero tú sabes como es eso, este año es el aniversario y se quiso hacer como un homenaje.

-Nah, deja la sonata nocturna esa, se lo dan por lástima

-¡Coño Chino!, no confundas la lástima con el amor

-¿Amor? deja la balada esa tigre, el amor solo es posible cuando pienso en Ivonne.


Buenos Aires, 9 de mayo de 2011



Con tantos palos que te dio la vida

Con tantos palos que te dio la vida
y aún sigues dándole a la vida sueños.
Eres un loco que jamás se cansa
de abrir ventanas y sembrar luceros.
Con tantos palos que te dio la noche,
tanta crueldad, frío y tanto miedo.
Eres un loco de mirada triste
que sólo sabe amar con todo el pecho,
fabricar papalotes y poemas y otras patrañas
que se lleva el viento.
Eres un simple hombre alucinado,
entre calles, talleres y recuerdos.
Eres un pobre loco de esperanzas
que siente como nace un mundo nuevo.
Con tantos palos que te dio la vida
y no te cansas de decir ”te quiero”.

Fayad Jamis

In Memorian


En mi primer y fugaz viaje a Cuba después de irme me quedé con las ganas de verlo, si bien hablé con él por teléfono y corroboré que el interés era mutuo.

Dos años más tarde, con un poco de más tiempo se dió el encuentro aunque no en la mejor circunstancia: Una camilla en una sala del Hospital La Covadonga fue el lugar de encuentro. Tomás estaba recién operado.

Así y todo la charla fue amplia y provechosa, y en un segundo que el chino y Nilda salieron a fumar, recordé con él la tarde áspera en que le monté una guardia a la salida de su oficina para que me firmara la carta de autorización para mi viaje.

Hacía una semana que la había solicitado por las vías formales a través de su secretaria sin respuesta; hasta que ese día me le planté en la oficina, y siendo ya las siete de la tarde, salía él portafolio en mano cuando me vió. Visiblemente ofuscado y sabiendo mi respuesta me preguntó ¿qué quieres? Que me firme la carta, le dije yo mientras le acercaba la hoja. La leyó apenas y abrió la puerta de su oficina: Pasa, me dijo, mientras añadió, ésto no se hace así. Encendió su Pentium  III y a golpe de teclado redactó la nueva carta, la firmó y nos quedamos hablando.

Tomás sabía que yo me quedaba, que no volvía, aunque nunca me lo dijo explícitamente ni siquiera creo que haya sido su intención darlo a entender. Los consejos se mezclaban entre palabras de dirigente obstinado con las de un padre, pero eran absolutamente sinceras. Yo no pude reciprocar su sinceridad, me faltan (aun) años de retórica y labia para sortear la ambigüedad con tanta destreza. Me cuide de no mentir, pero no basta para ser sincero y esa tarde en La Covadonga se lo dije y le ofrecí mis disculpas. No chico no, tu no tienes nada de que disculparte, me dijo. Y lo dejé, con Ficciones, un abrazo y un Cavernet Sauvignon que espero haya podido degustar.

Tomás ha muerto en agosto, y yo me enteré ayer. Según leo, dos semanas después se fue Nilda, su compañera de toda la vida. Él no era creyente, como tampoco lo soy yo, pero si eventualmente después de morir se "va" a algun lado, me conmueve que no se haya ido solo.

Foto de Alan Clements.

De cigarros y otras cuestiones II

Pero fumar suaves en Cuba era complicado, sobre todo, cuando no existía el Hollywood y uno se quería dar coba fumando algo que no fuera los desprestigiados Aromas. El Visant vino a suplir esa vanidad: Costaba sólo 0.60 USD, era una caja con naylito al estilo H. Upmann, más agradable a la vista y un sabor menos rancio.

Pero sucumbí. Todos fumaban Populares, y en una época de vacas flacas, comprendí la necesidad de apegarme al standard nicotínico cubano y fumar fuertes (cómo todo el mundo). Y sólo entonces comprendí el oxímoron que entraña que el cigarro suave más "popular" de Cuba se llame Aromas, y la vomitiva impotencia que genera (en un fumador de fuertes) darle una insulsa, etérea y a la vez asquerosa patada a un Aromas. No obstante y aunque no lo parezca, le guardo un cariño especial al suave, casi el mismo platónico cariño que le guardo a mi primera novia (que si lee esto, me querrá matar sin dudas y no sin razón).

De cigarros y otras cuestiones I

La primera caja de cigarros que compré, en pleno año 94 y con el dólar a 150 pesos fue una caja de More roja. Yo había probado los mentolados en alguna que otra fiesta e imagino (aunque no recuerdo) que alguna patada le debo haber dado a un Popular por ese entonces. En séptimo grado era común ver a chicos fumando como locomotoras, e inavitablemente uno cae en la tentación de probar. No obstante los More rojos, no eran como los mentolados, y terminé compartiendo media caja con una profesora de inglés que tuvimos (que además de fumar, gustaba de comer los restos de tiza que se juntaban en el marco de las pizarras). Fumar no era para mí. No sólo por lo patético que me parecían los fiñes de 12 años con ademanes de obrero portuario consagrado y vanguardia nacional, sino porque no me gustó, y punto.

No fue hasta 4 años más tarde, en agosto del 97 que empecé a fumar en serio. Recuerdo el instante en el cual le pedí un cigarro a Rolando y también recuerdo que la primera caja completa, fue cuidadosamente sustraida de la cuota que percibia mi padre por la libreta y que mi madre vendía. Ahora que lo pienso bien, no recuerdo si exactamente mi madre ya había dejado de fumar, lo cual es perfectamente posible, no porque mi madre no mantuviera una firme y ferrea contabilidad de su stock de cigarros, sino porque ella fumaba fuertes y yo, debo confesarlo, empecé fumando Aromas.

Ironias del confort


Podría haberlo planeado mejor. Podría haber llamado a varios conocidos, pero un sábado a la tarde se supone que ya todos tienen planes; y es más, se supone que se estén llevando a cabo esos planes. Yo sólo necesitaba subir esos 60 kg en 1/3 de m3 dos pisos por escalera que me harían la vida un tanto más confortable. Pero necesitaba dos manos más.

Apuntes y aporías sobre la blogósfera cubana: Antecedentes: Islagrande, o el inicio de la Chatósfera

Uno de los primeros nicks de R en el ICQ fue Henri de Valois... y es el único que recuerdo. Por aquel entonces ya R pensaba solamente en Irse, aunque no había comenzado a construir (en la sala de mi casa) el katamaran balsero de poliespuma, resina y fiberglass con el que pensaba hacerlo.

R siempre fue un adelantado. Hubiera descubierto América antes que los vikingos de haber sido contémporaneo. Ya en ese entonces pretendía crear un sitio llamado jawsite (Just Another Web Site) al mismo tiempo que programaba en C++ una aplicación para administrar un Banco de Bolita que un conocido le había encargado. Por esa época R había conocido varias "novias" por internet, incluyendo una fugaz argentina que probablemente haya sido un profesor de secundaria con ganas de joder, o de alimentar alguna fantasía (aunque R nunca quiera reconocer que esa tal Alejandra... nunca existió). Y en el canal La Habana del Latinchat, R conoció a WaXaXiTa, una cubana que vivía en no me acuerdo que parte de EEUU y que fue el catalizador de sus ganas de irse (aunque esto también R lo niegue a rajatabla).

Apuntes y aporías sobre la blogósfera cubana: Antecedentes: Internet


Hace muchos años, a C le regalaron una 486 por sus 15 años, yo acababa de conocerla y recuerdo que una vez, después del divorcio de sus padres y la mudanza al departamento nuevo, viendo el ícono de "internet" del escritorio le pregunté desde la más absoluta ignorancia informática, ¿qué pasaría si hacía doble clic en ese ícono?... ¿nos conectaríamos a eso tan abstracto y tan raro que llamaban internet? ¿sería ilegal? ¿nos vendría a buscar la policía? Recuerdo el leve nerviosismo cuando finalmente me atreví a cliquear sobre el íncono, y la rara sensación cuando devolvió el error. La máquina de C ni tenía modem, ni mucho menos estaba conectada a la línea telefónica, pero por ese entonces, no sabíamos nada del asunto; sólo jugábamos Solitario, Buscaminas y Carmen...

Resumen de Noticias

  • He hecho el primer viaje largo en coche (2000 km entre ida, vuelta y recorridos).
  • He visto todas las temporadas de Seinfeld, Lost, House MD y The Office (US)(empecé a ver The Office (UK) y no me ha gustado) pero sigo sin tener televisor.
  • He empezado a averiguar por los trámites para obtener la nacionalidad argentina.
  • He dejado vencer mi pasaporte.
  • He sacado una tarjeta de crédito a mi nombre y la he usado.
  • He podido compartir un pedacito de Buenos Aires con una amiga de la primaria que trabaja en un crucero e hizo una escala de una noche; y fue algo muy raro.
  • He cambiado de espejuelos y los nuevos se oscurecen cuando les da el sol.
  • He visto Les Luthier en vivo por segunda vez.
  • He pagado 14 multas de tránsito por mal estacionamiento.
  • He vendido el coche.
  • He aumentado 10 kg más.
  • He por fin leído a Vargas Llosa.
  • He hecho dos cursos de Portugués y lo peor, que he descubierto que me gusta.
  • He dado de baja internet, por la mudanza inminente y meses después he tenido que darme de alta nuevamente por la mudanza postergada.
  • He visto una cana en mi barba y la he arrancado.

Libros y Ferias


En las vísperas de la feriado del 1º de Mayo, y aprovechando que a partir de las 21:00 hs del 30 de abril, y hasta las 02:00 hs del día siguiente la entrada a la Feria del Libro de Buenos Aires sería gratuita, me he dado una vuelta, luego de 5 años de mi primera (y última) visita la feria. Recuerdo que en aquella ocasión, recién llegado (llevaba apenas 5 meses fuera de Cuba), no me sorprendió demasiado la inmensa superficie y los libros infinitos. La bruma, ya la había sentido en una pequeña librería sobre la Av. Cabildo, al ver todos juntos, los libros que siempre quise leer (y que aun no he leído).

Sueños Mezclados

Las últimas noches sueño más de lo acostumbrado; tal vez mi empeño sumergido en vencer el insomnio entre almohadas y recuerdos. Es en ese estado semiconsciente, real y ficticio, donde a veces, me despierto dando un golpe de reflejo, o donde a veces ya soñando descubro que sueño, aprovechando al máximo ese segundo de omnipotencia e impunidad.

Soñar con Cuba no es una novedad; sería raro que si la pienso todos los días, no la sueñe casi todas las noches. Lo realmente extraño y tenebroso, es que en estos últimos ejercicios, inconsciente (de que otra manera sino) he mezclado desprolijamente y a pierna suelta, geografías, contextos y personas.

He soñado una Avenida Rivadavia que cruza Marianao, una Rampa que termina en el Obelisco, un malecón en el Rio de la Plata. He soñado todo eso y más; y me he asustado bastante.