De cigarros y otras cuestiones II
De cigarros y otras cuestiones I
No fue hasta 4 años más tarde, en agosto del 97 que empecé a fumar en serio. Recuerdo el instante en el cual le pedí un cigarro a Rolando y también recuerdo que la primera caja completa, fue cuidadosamente sustraida de la cuota que percibia mi padre por la libreta y que mi madre vendía. Ahora que lo pienso bien, no recuerdo si exactamente mi madre ya había dejado de fumar, lo cual es perfectamente posible, no porque mi madre no mantuviera una firme y ferrea contabilidad de su stock de cigarros, sino porque ella fumaba fuertes y yo, debo confesarlo, empecé fumando Aromas.
Ironias del confort
Podría haberlo planeado mejor. Podría haber llamado a varios conocidos, pero un sábado a la tarde se supone que ya todos tienen planes; y es más, se supone que se estén llevando a cabo esos planes. Yo sólo necesitaba subir esos 60 kg en 1/3 de m3 dos pisos por escalera que me harían la vida un tanto más confortable. Pero necesitaba dos manos más.
Apuntes y aporías sobre la blogósfera cubana: Antecedentes: Islagrande, o el inicio de la Chatósfera
Apuntes y aporías sobre la blogósfera cubana: Antecedentes: Internet
Hace muchos años, a C le regalaron una 486 por sus 15 años, yo acababa de conocerla y recuerdo que una vez, después del divorcio de sus padres y la mudanza al departamento nuevo, viendo el ícono de "internet" del escritorio le pregunté desde la más absoluta ignorancia informática, ¿qué pasaría si hacía doble clic en ese ícono?... ¿nos conectaríamos a eso tan abstracto y tan raro que llamaban internet? ¿sería ilegal? ¿nos vendría a buscar la policía? Recuerdo el leve nerviosismo cuando finalmente me atreví a cliquear sobre el íncono, y la rara sensación cuando devolvió el error. La máquina de C ni tenía modem, ni mucho menos estaba conectada a la línea telefónica, pero por ese entonces, no sabíamos nada del asunto; sólo jugábamos Solitario, Buscaminas y Carmen...
Resumen de Noticias
- He hecho el primer viaje largo en coche (2000 km entre ida, vuelta y recorridos).
- He visto todas las temporadas de Seinfeld, Lost, House MD y The Office (US)(empecé a ver The Office (UK) y no me ha gustado) pero sigo sin tener televisor.
- He empezado a averiguar por los trámites para obtener la nacionalidad argentina.
- He dejado vencer mi pasaporte.
- He sacado una tarjeta de crédito a mi nombre y la he usado.
- He podido compartir un pedacito de Buenos Aires con una amiga de la primaria que trabaja en un crucero e hizo una escala de una noche; y fue algo muy raro.
- He cambiado de espejuelos y los nuevos se oscurecen cuando les da el sol.
- He visto Les Luthier en vivo por segunda vez.
- He pagado 14 multas de tránsito por mal estacionamiento.
- He vendido el coche.
- He aumentado 10 kg más.
- He por fin leído a Vargas Llosa.
- He hecho dos cursos de Portugués y lo peor, que he descubierto que me gusta.
- He dado de baja internet, por la mudanza inminente y meses después he tenido que darme de alta nuevamente por la mudanza postergada.
- He visto una cana en mi barba y la he arrancado.
Libros y Ferias
Sueños Mezclados
Soñar con Cuba no es una novedad; sería raro que si la pienso todos los días, no la sueñe casi todas las noches. Lo realmente extraño y tenebroso, es que en estos últimos ejercicios, inconsciente (de que otra manera sino) he mezclado desprolijamente y a pierna suelta, geografías, contextos y personas.
He soñado una Avenida Rivadavia que cruza Marianao, una Rampa que termina en el Obelisco, un malecón en el Rio de la Plata. He soñado todo eso y más; y me he asustado bastante.
In memoriam
En su grave rincón, los jugadores
Rigen las lentas piezas. El tablero
Los demora hasta el alba en su severo
Ámbito en que se odian dos colores.
Adentro irradian mágicos rigores
Las formas: torre homérica, ligero
Caballo, armada reina, rey postrero,
Oblicuo alfil y peones agresores.
Cuando los jugadores se hayan ido
Cuando el tiempo los haya consumido,
Ciertamente no habrá cesado el rito.
En el oriente se encendió esta guerra
Cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra,
Como el otro, este juego es infinito.
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
Reina, torre directa y peón ladino
Sobre lo negro y blanco del camino
Buscan y libran su batalla armada.
No saben que la mano señalada
Del jugador gobierna su destino,
No saben que un rigor adamantino
Sujeta su albedrío y su jornada.
También el jugador es prisionero
(La sentencia es de Omar) de otro tablero (1)
De negras noches y de blancos días.
Dios mueve al jugador y éste, la pieza.
¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza
De polvo y tiempo y sueño y agonía?
Jorge Luis Borges
(1) La vida es un tablero de ajedrez, donde el Hado
nos mueve cual peones, dando mates con penas,
en cuanto termina el juego, nos saca del tablero
y nos arroja a todos al cajón de la Nada.
Omar Khayyam
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Una pelicula...
Hacen el trueque y el drogadicto le pide estar presente desde que el tome las pastillas hasta que muera, la excusa es que nunca ha visto a nadie morir. A regañadientes, acepta y cuando siente los primeros retorcijones, se arrepiente y se asusta, y le pide al drogadicto que lo lleve a un hospital. En el hospital, con el médico delante y el frasco de pastillas en la mano, el suicida descubre que las pastillas eran vitaminas.
Este es el comienzo de una película que he visto hace años en Cuba, que quisiera volver a ver y no recuerdo ni su título, ni los actores...
En mi memoria tengo agujeros por un lado y mezclas por el otro. En la medida que pasa el tiempo, me cuesta más distinguir si un momento, o una sensación la he experimentado en La Habana o en Buenos Aires. Incluso por momentos olvido sustantivos, adjetivos y hasta verbos. Hoy he escuchado la palabra pajuato y una ráfaga de recuerdos me atravesaron en un instante.
Ay Oliverio...

Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología,
llorando.
Festejar los cumpleaños familiares,
llorando.
Atravesar el África,
llorando.
Llorar como un cacuy,
como un cocodrilo...
si es verdad
que los cacuyes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo,
pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz,
con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo,
por la boca.
Llorar de amor,
de hastío,
de alegría.
Llorar de frac,
de flato, de flacura.
Llorar improvisando,
de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!
Fuera de Juego

La lotería en Babilonia
Ficciones; 1944
Aterrizaje
tocaron tierra.
Se arrastran por el pavimento duro,
áspero y mojado.
En las ruedas del avión estoy descalzo,
y el asfalto me frota las plantas
y me lima los huesos:
me desgarra
la carne,
me descose
las vértebras.
El instante no tarda,
pero es infinito:
como si la calle fuera a tragarme con lentitud
y duda,
como reparando en cada porción
infinitesimal
de mi medio cuerpo,
reparando
en cada paradoja.
Cuando se detiene descubro
perplejo
que aun tengo manos
y medio torso sobre el asfalto;
y descubro también que
la humedad
de la pista es mi sangre marchita,
y mi esperma.
Irse
A los que me esperan:
Sentí que el avión aterrizó de manera extraña. No estaba dormido pero me desperté raro. Hubiera jurado que me había tocado ventanilla, ala derecha no fumador, y sin embargo el pasillo y un gordo sentado al medio eran mis compañeros de viaje. Una vez más no pude ver Cuba desde el cielo. Lo más sospechoso de este regreso es que no me sorprende.
Quizás fue por cábala, modorra, o alguna decisión extravagante de mi parte, pero en un momento me vi caminando de espaldas, sin tropiezos y sin la mirada puntual de ninguno de los alrededores. La azafata en la puerta me dio la bienvenida y la perdí de vista mientras salía por el cilindro articulable que me daría entrada al aeropuerto. Verifiqué vuelo sin asombro e hice una extraña cola para sentarme. Finalmente no se si advertí el despropósito, pero cuando no hubo nadie detrás de mi, pude descansar en uno de los tantos asientos vacíos de la sala de espera, que en un rato largo se lleno de gente que intuyo descendía del avión.
Había mucho humo en la sala, diez horas sin fumar en mi ritmo habitual eran demasiadas, así que recogí un cabo aun prendido en el cenicero y me dispuse a aspirar el humo circundante y devolverlo en el endeble cabo, que lentamente iba tomando forma, hasta que lo apagué con mi fosforera y lo guardé.
Dos horas de nervios necesarios y decidí salir. Me revisaron el equipaje de mano y pasé al control migratorio.
-Buen Viaje. -Me recibió la oficial de verdeolivo junto a un gesto con la mano por el que supuse me pedía el pasaporte.
-Si -le contesté y sin sorpresa, tecleando, y comprobando mi foto con mi rostro me preguntó: -¿Primera vez?
-¡Buenas Tardes! -Le contesté a su despedida, pagué el impuesto aeroportuario e inmediatamente fui a buscar el resto del equipaje. Otro un chequeo medio raro en el que le añadieron una página a mi pasaje y me devolvieron la maleta; y otra cola inmensa, nunca supe si para sentarse, para ir al baño, comprar una cerveza o simplemente irse.
Cuando al fin salí, un taxista que no se si me esperaba dio marcha atrás, me deseó buen viaje y me puso el equipaje en el maletero. Antes de arrancar le pagué el dinero justo y sin decirle nada me llevó camino a la casa.
Y vi justo los últimos reflejos que tenía de Cuba. La imagen del aeropuerto nuevo, la moderna autopista, los carros con chapa TUR y los taxis amarillos. Luego, o antes, una hilera de palmas que me encandiló la vista, que se perdía y nacía en el horizonte y me hacía creer una vez más que el infinito y el tiempo son una sola rueda interminable. Como la rotonda que pasaríamos o ya habíamos pasado. Y Cuba, Cuba es el centro casi invisible de la rueda
Luego, o antes la entrada al barrio, las lágrimas que se escurrían bien adentro de mis ojos y que me había jurado no vería nadie. Y nadie las vio. El taxi terminó de dar marcha atrás y estacionó bajo la mirada de mis padres y tres grandes amigos.
Me recibieron con tristeza. Mi madre aguantó el llanto con las manos y mi padre lo llevó por dentro. Una foto que aun no he visto y en la que no tuve el tino de incluirlos a todos registra el aciago día.
Aquella mañana la pasé muy nervioso, pero con los años, dejé de pensar en ella.
Buenos Aires, 16 de septiembre de 2003















