Angustia

En estos días me ha tocado trabajar en horarios disímiles. Es una situación muy particular, ya que estamos ensayando un nuevo producto (nuestro) en un sector de una línea de producción continua (del cliente); y demanda nuestra presencia las 24 hs. Hace dos noches que me toca el turno de madrugada, de 00:00 a 08:00 hs, y la primera madrugada entre los controles y los problemas propios de la línea no tuve tiempo para nada.

Sin embargo, la otra noche, a la madrugada pude salir unos 20 minutos; a tomar aire y liberarme un poco del ruido de las máquinas. Sentado en un banco, eran cerca de las 05:00 hs y amagaba con amanecer... y caí en cuenta que en mis tiempos de madrugador incorregible... aproximadamente a esa hora, era inevitable sentir una angustia abrasiva y momentánea... casi siempre seguida de alguna que otra lágrima cobarde. En estos cuatro años, varias veces he madrugado y he visto amanecer yendo al trabajo o en alguna que otra circunstancia, pero nunca más he contado con la conciencia del que trasnocha y nunca más había sentido esa angustia lacerante.

Anoche, creo que he entendido ciertas cosas. Pero sobre todo, que la angustia no se ha ido, que sigue ahí, peligrosamente solapada; esperando poder trasnochar de nuevo a la entrada del puerto de La Habana, con el viento, el muro y la sal; esa sal del mar y de mis lágrimas. Anoche también he comprendido que definitivamente, el agua aun me rodea por todas partes; como un cáncer.

Todo por un dólar

Rompió a llover.
Línea mojada es una calle llena de dolorosas incógnitas, y la más tangible resulta demasiado evidente como para que se tenga en cuenta: la imagen del túnel tragándose todo, engañando a una leve multitud de carros que se pierde diariamente entre sus fauces, deseosa de encontrar otra realidad del otro lado, u otro tiempo. La humilde desembocadura del Almendares que no se ve, que ningún habanero reconoce más allá de los árboles, y que no es más que el fruto de esa cruel sensación de que la tierra no termina sino con el mar.
—Ernesto no puede ir. —dijo y él supo que tendría que acompañarla, pero había más. La confusión, el querer y no querer. El saber que la estaría acompañando a facilitar las cosas para su huída, o lo que intuye será muy probablemente lo mismo: el fin.
—Pero vamos en guagua, nos queda poco dinero. —dijo él y salieron juntos.
Más allá del separador con sus torres de luz el edificio, y en alguno de sus pisos, el apartamento que lo hace memorable y en el que alguna vez pudieron compartir casi la vida. La propuesta se desvaneció entre la lluvia, un año de espera y el negocio medio turbio del dueño quien desistió de alquilarlo y lo vendió. El compartir casi la vida también se diluía; también por la lluvia y el año y la falta de dinero. Al final pocos detalles nos diferencian de las propiedades inmobiliarias.
—¡Cien dólares, cien dólares me cuesta adelantar el pasaje joder! —dijo ella mientras salía resignada.
Suerte que el malecón y el mar calmaron los ánimos, e intentaron con la brisa y la puesta —alusión demasiado directa— hacer parecer esta tarde a la primera. Pero no hubo beso. Tan sólo un modestamente tierno cuidado no te caigas cuando se sentaron en el muro a la altura de la calle 12.
«Cuando el hambre entra por la puerta el amor sale por la ventana» palabras sabias repetidas hasta el hartazgo; y huecas. Nunca hicieron nada para evitarlo, nada más que decirse el uno al otro que no podía pasarles; más allá de gastar en cada viaje hasta la última peseta y al regreso comenzar todo de nuevo; más allá de exigirse ante cada ausencia otro encuentro entre planes de posteridad que se iban postergando, cada vez más y más y más, sin concreción.
Estaba en manos de ella la decisión, el aceptar o no una propuesta que él no se animaba a proponer por parecerle indigna. Salir de Cuba por una mujer diez años mayor, es en estos tiempos, comida fácil para escépticos de lengua larga y ceño fruncido; así que prefirió los planes surrealistas de esa gallega caprichosa a la que amaba. La utopía y el sueño de vivir en Cuba le parecía más digno e incluso, cuando estaba a su lado, posible. Pero nunca imaginó que esta posición le caería encima vuelta en su contra, y mucho menos de que despertara sospechas deshonestas de querer una vida fácil más que a ella; en Cuba pero fácil. Y es que a veces, cuando el hambre parece asomar por la puerta, uno, inconsciente, se inventa motivos por los cuales el amor esta condenado a salir despedido por la ventana.
—Bueno, vamos. —se dijeron y torcieron rumbo al edificio de la calle Línea, donde además, vivía un amigo de ella que no estaba y se quedaron abajo esperando su llegada.
Nunca en su vida pensó enamorarse de un rubio, ya lo había dicho alguna vez pero esta vez lo repitió con un rictus de pasado distante que él no pudo o no quiso advertir.
—Y tú, ¿cómo es la mujer de tus sueños? —le preguntó sorprendida de no haberlo preguntado antes.
—No sé —dijo él —nunca me he imaginado a la mujer ideal, ni siquiera tengo preferencias físicas.
—Me alegra saber que piensas así ahora, —Interpuso ella —tiempo atrás hubieras dicho que la mujer de tus sueños era como yo.
—Lo sé, pero a veces las cosas cuando se repiten demasiado se vuelven inverosímiles. —Sentenció él y calló. Ella sostuvo el silencio y una vez más, reprimió sus ganas de besarlo.
Ella estaba contenta, por momentos tenía flashazos de que todo iba a funcionar y de que podía controlar la dosis de pesimismo que iba constantemente creciendo adentro suyo.
—Toma, regresamos en carro —dijo sonriendo mientras le daba un billete verde que él guardó en su short de mezclilla intencionalmente desflecado.
Entonces rompió a llover; y entre besos cortos y abrazos debajo de la parada esperaban que apareciera un carro. Hasta que decidió sacar el billete de su bolsillo que ignoraba agujereado y no lo encontró.
Ella se molestó demasiado, le dijo que no tenía responsabilidad, que era sólo un niño inmaduro que todavía estudiaba y que nunca había sudado el dinero que gastaba, que las cosas así no van, que ahora se iban en guagua porque ella no iba a cambiar los cinco dólares ahora que le quedaba tan poco dinero, que ni siquiera había podido adelantar el pasaje para regresarse a España, y que tenía que aprender.
El no habló, entre la lluvia caída en su rostro se camuflajeaba una lágrima que adquiría el sabor del mar en la desembocadura del Almendares; tenía la vista enajenada y fija entre el túnel y el edificio, en el camino donde se le habría salido del bolsillo roto (entre mezcladas) sus ilusiones de reconciliación, y el maldito Washington.
Del otro lado del separador, entre el edificio y el túnel, ahora estoy después de mucho tiempo, recogiendo de la acera mojada un dólar caprichoso, sonriendo estupefacto y recordando, mientras la lluvia una vez más me empaña la vista y disimula mis lágrimas.


Buenos Aires; 31 de mayo de 2003

In Memoriam


La única vez en mi vida que fui a El Conejito, en circunstancias específicas que no vienen al caso mencionar ahora, fue una tarde de sábado y comí picadillo porque
conejo para ese entonces ya no había. Tenía (creo recordar) unos 11 años y era una especie de fiesta de cumpleaños colectivo para pioneros vanguardias, por llamarlo de alguna manera, aunque sinceramente nadie cumplía años.

Ese día conocí a Wilson, si es que se puede definir así tal encuentro. Recuerdo que dibujaba unas criollitas grandes sobre unas cartulinas blancas en medio de la penumbra del restaurant. Recuerdo las criollitas voluptuosas, los culos enormes, las teticas paraditas, los labios pronunciados y la entonada sensualidad. Recuerdo la criollita callejera, la que no se aguanta al machista, la que no resiste el toque del tambor de su negro querido, la que chismea todo el tiempo con su amiga, también criollita.

Recuerdo que alguien se quedó con una de esas cartulinas blancas, y me pregunto si la habrá conservado, y si este domingo, ha decidido colgarla con orgullo, como quién cuelga una foto de una palma real o una mariposa.

Wilson ha quedado grabado para siempre, y es esa marca imborrable la que lo hace inmortal; ahora más que nunca, que su existencia física se desvanece lentamente, a la par, que su ser creación, símbolo y emblema cultural se afianza y crece.

Honor, a quien honor merece. Honor y Gloria.

Mi cama

(o una excusa más para recordarte)


Yesterday,
all my troubles seemed so far away.
Lennon – Mc Cartney

Nunca he tenido una cama camera propia. Desde que tengo uso de razón duermo solo en una cama personal; y es extraño sí, porque me acuerdo perfectamente el día en que con mi padre, buscamos Mi Cama en el Wajay.

Y lo extraño no es que me acuerde (muy a pesar de mis 4 años de entonces), más bien lo raro está en que casi podría afirmar que no he dormido en otra cama anterior a esa; como si padeciera una especie de amnesia en ese sentido, como si nunca hubiera dormido hasta que apareció Ella, Mi Cama; la que tiempo después (ahora me doy cuenta), devino azogue infeliz mis cortas estaciones.

Finales del ochenta y Mi Cama estaba saturada de calcomanías de perros checos y naves espaciales de Intercosmos; estaba intacta, inocente, quizás tanto como yo y mis cinco, seis, siete años. Luego vino el derrumbe. A veces pienso que si algún pedazo del muro de Berlín era de madera, la habían sacado (de seguro) del mismo bosque, incluso del mismo árbol, que la madera con que hicieron Mi Cama: el nueve de noviembre del ochenta y nueve se le partieron las patas. Y así estuvo, sostenida con ocho ladrillos del tiempo de la pseudorrepública, hasta aproximadamente mediados del noventa y cuatro, cuando en un arranque de hipismo balseriano y desenfrenado, cambié los ladrillos por igual número de gomas de carro. Ese año de Mi Cama sólo quedo el bastidor (sobre las gomas) y el respaldar intercalado entre el colchón y la pared por razones “artísticas” dada la condición de soporte para collage en que había quedado: A los perros y cohetes se le habían sumado una foto de Los Beatles, una imagen del sagrado corazón, símbolos de paz y estrellas boca abajo, la oración del pobre de San Francisco de Asís y algunas frases en inglés y letras de canciones. Tremenda mezcla.

Así duró hasta el noventa y nueve, cuando la conociste, sólo que (por suerte) sin el collage, que sirvió para la fogata de la caldosa de la fiesta del CDR del año anterior; no sin antes haber retirado la foto de los Beatles y arrancar el pedazo de tabla donde había escrito la letra de Yesterday.

Y fue ahí, en esa Cama, donde nos acostamos por primera vez. Yo había bloqueado la entrada de mi cuarto (que no la puerta, porque no la había), mientras tú prendías un Marlboro...

No te negaré, a menudo extraño mucho aquella tarde, aquellos días en que todo problema parecía tan lejano; incluso, aquel pedazo de plywood donde a lápiz escribí con un dejo casi profético sin entender todavía: «Why she had to go, I don't know, she wouldn't say».

Meses después regresaste y te quedaste en casa. Treinta días es un lapso bastante incómodo para dormir en una cama tan estrecha como la mía, y mi padre nos prestó su colchón camero. Sobre el piso, sin bastidor, sin gomas, sin nada. Un mosquitero algo manchado y amarrado por el centro que nos aislaba de la duda y la razón, y ya.

Cuando volviste casi un año más tarde fue de nuevo el colchón prestado, esa vez sobre las gomas. El mosquitero de tanta humedad ya no existía, y tal vez nos hizo falta un mosquitero nuevo; o algo que nos protegiera, que nos cubriera, que nos aislara, pero no.

Luego Mi Cama, compañera. Luego extrañar extrañarte. Hasta hoy.

Por eso no puedo dormir, por eso quizás escribo esto, porque hoy me he comprado un colchón nuevo y me queda grande, muy grande. Porque mañana despertaré más vacío que nunca; porque en la oscuridad te imaginaré a mi lado, apenas respirando, tu recuerdo. Porque no sé dormir sin ti en una cama tan grande.


La Habana; agosto de 2002

Bizca Reflexión

El primer capítulo/cuento de W (José Miguel Sánchez (Yoss);Letras Cubanas;1997) transcurre inicialmente en una fiesta en Miramar. Esa noche de sábado y en medio de la fiesta está «...la tribu de inefables fieles a las películas del sábado siguiendo en uno de los cuartos las peripecias de Rutger Hauer tratando de evadirse de una sofisticada prisión donde los reclusos llevan collares explosivos de diabólico mecanismo.»

Más acá de la ficción en sí... (que esta reflexión no intenta hacer METACRITICA literaria de la obra en cuestión) recuerdo que mientras leí por primera vez el libro, y particularmente esa frase, me sentí (como lector) muy cerca a la escena; y de cierta manera hasta casi parte de la escena:

No sé porque extraña razón yo recordaba exactamente el momento en que un sábado a la noche pasaron esa película (que ahora sé que se llama Peligrosamente unidos (Wedlock); 1991). Yo puedo perfectamente recrear en mi cabeza esa noche, tan común a otras noches de sábado; e independientemente de que lo narrado en W es una ficción (todo aquel que conozca la obra de Yoss o conozca personalmente a Yoss que saque sus propias conclusiones) yo de alguna manera me siento partícipe de ésa historia... de ésa noche... de ése sábado. Aunque quizás lo narrado no halla sucedido, y la fiesta hubiera sido un martes a la tarde en el turquino... ése sábado con ésa película existió y yo lo viví.

Esto me lleva entonces a lo narrado por Omar en su última entrada, sobre todo en la parte que en que Antuña, en el programa En el jardín de la noche pasa música New Wave y a las tres de la mañana un minirecital de The Doors... y una vez más no puedo evitarlo... ésa noche yo estaba en mis perras noches de insomnio, oyendo Radio Taíno y leyendo cualquier bazofia.

Cuan raro, cuan triste y cuan bello es poder compartir este tipo de recuerdos, fragmentados y esparcidos entre tanta gente; recuerdos con los que tratamos de reconstruir(nos) la ciudad toda, la vida entera y la isla infinita.

Reflexión para el Izquierdo

El Izquierdo es un cubano que al que en los últimos días se le está apareciendo el fantasma de irse de Cuba, como a muchos nos pasó... Y por las mismas razones que sostienen la existencia de este blog (o sea, todas y ninguna al mismo tiempo), comparto este comentario vago e impreciso, un poco como yo.

He estado madurando un par de dias este comentario... lo cual no garantiza que éste sea valedero. Igual, como siempre, me decido a escribir sin haber trazado un plan delineador de mis ideas, que de existir están bastante desorganizadas por lo general.

Salir de Cuba es un trauma que una vez superado, la sensación de vacío/plenitud que produce es tan neutra... que el más mínimo movimiento produce un desequilibrio monstruoso. Y para pensar esto debés imaginarte un desequilibrio espacial y multidireccional... no el clásico desbalance cachumbabeano.

Empezás una vida nueva, y cual esponja te nutrís de todo a tu alrededor. Sólo que hay una diferencia notable, la vida nueva te agarra ya con cierta experiencia, con ciertos recuerdos... y esto parace ideal, juventud y experiencia, nacer de nuevo sabiendo hablar, escribir y todo lo demás... pero nacemos y de golpe somos adultos, no hay pasos previos, no hay carrera de empuje, es el salto en seco y de golpe. Dependerá mucho de dónde caigas, con quién caigas, y cómo caigas... El conocimiento previo es un arma de doble filo, te ayuda a comprender mejor la nueva realidad, y a la vez te inhibe a comprenderla del todo. Faltará siempre la formación... la niñez, la juventud... ese tipo de pequeñas cosas que definen a un ser humano, a un ser adulto, a un ser. Esto puede ser flor o guadaña... como todo...

Vivirás largo tiempo un mundo con con las referencias del otro... por más que reniegues o te desentiendas. Dicen (yo no lo puedo asegurar aún) que tras mucho tiempo viene la adaptación, esa figurita difícil y compleja a la que muy adentro le tememos, porque en adaptarse y acostumbrarse se esconde agazapado el olvido, y no queremos olvidar, aunque lo neguemos.

La presión de la soga, o la exactitud de la balanza con la cual sopesarás son meros juegos de azar, breves impresiones, monedas al aire que puede que nunca regresen a tu mano; pero que de seguro caerán alguna vez... y por ahí... un día caminado te la encuentras... y descubrís que lo que creías cara es cruz... o que la moneda es borgeana e infinita como un aleph insondable... como la realidad en sí misma (que no ensimismada).

Salir de Cuba es morir... efectivamente, sin eufemismos de ningún tipo o color.

Pero la muerte no es mala per se, si lo pensamos con detenimiento y sin miedo; muchas veces es mejor que la hipocresía de cierta vida. Pero la vida nueva es sólo eso... nueva... lo cual no garantiza que pueda ser o no la misma de siempre. ¿Depende de uno? y... sí, pero no de manera exclusiva y no en todos los casos. La mayoría de las veces no podemos escapar a la voluntad de ciertos dioses, a ciertos azares o a la dialectica de ciertos contextos históricos, según qué interpretación de la realidad se prefiera.

Salir es morir... te lo dice un muerto.

Sin palabras

Dia - Positivas


Había olvidado esto, los visores estereoscópicos con discos de diapositivas. Las diapositivas para ver de a una en el visor de mi padre, el que se trajo de Checoslovaquia en el único viaje al extranjero que ligó en su vida junto con una diapo (si, una sola) en la que salía en la nieve con unos compañeros de curso.


Los proyectores pesadísimos (cuyas fotos he intentado sin éxito encontrar), que se recalentaban a la segunda "película". Las tardes en que me imaginé que estaba en un cine, y que sí pasaba el rollo con suficiente rapidez, podía hacer ver las imágenes en movimiento.

Había olvidado esto, entre tantas cosas ya...

Radio - Grafía


Tenía 3 años cuando mi abuelo paterno me prometió regalarme su radio VEF, y antes de cumplir los 4 años mi abuelo murió y recibí la única herencia que me ha tocado en la vida.

En casa mi padre había comprado un Selena nuevo que era toda una sensación. Lo que pudimos conseguir en la casa del oro y la plata nos alcanzó sólo para el video SANYO Super Beta, así que el radio reloj digital despertador quedó postergado. Por aquellos tiempos la sensación era el vídeo…
El tipo de la tienda había usado un casete de Goofy el deportista para probarlo y olvido el casete dentro del aparato, así que tuve un pequeño receso de bolek, lolek y demás dibujos del Este, entre las alternancias de Donald y las ardillitas jodedoras repetidos hasta el infinito y chuncha, guaso, carburo y demás nacionales. A la par con el video vinieron unos siete u ocho casetes vírgenes con los cuales procedimos a grabar películas procedentes de la abundante y variada programación de la TVC, películas como Voltus V, Enemigo mío, entre otras que no recuerdo; Grabar y re-grabar y ver y re-ever, así ad infinitum. También mi padre por algún que otro negocio resolvió algunas otra películas, y antes que aparecieran los “bancos de video” teníamos armada una red bastante grande de intercambio, y a ninguno se le ocurría lucrar con ello. Luego el VHS fue copando el mercado, y la red solidaria de intercambio se volvió negocio.
Antes de eso, ya en casa se escuchaba radio. A la mañana Radio Reloj, infaltable, omnipresente, inevitable, eterno, como el tiempo en sí mismo. Luego al mediodía en casa escuchaban Radio Progreso, todas las radionovelas de la tarde; alguna que otra vez escuche La familia Pirulí y a las ocho el plato fuerte siempre fue Alegrías de Sobremesa… con Rita… Paco… Estelvina… Sarría… Cristinito… y tantos otros históricos que bajo el guión de Luberta, la conducción de Rosillo y la siemprepresente Aragón han dejado una marca imborrable en el alma cubana. A la noche a veces se escuchaba Nocturno (Atentos… tras la pausa… grabando) y por ahí se escuchaba En nueve minutos (ese programa raro que no se sabía si era en serio o en chiste). En los tiempos más duros en casa se les dio por escuchar Radio Martí… pero sólo escuchaban la novela Esmeralda, Se soltó el loco con Pototo y el Zodiaco, el resto, entre la interferencia y los contenidos aturdían demasiado.
Un tiempo me dedique a vigilar todo el espectro de Ondas Cortas, Radio Francia Internacional, Radio Exterior de España… entre otras más o menos interesantes. Años después sobrevino el insomnio… y un programa que me hizo adicto… En el jardín de la noche… en Radio Taino, con Eduardo Antuña (ojo no confundir con Camilo Egaña), después le sucedieron por lo menos dos locutores y para cuando me fui si mal no recuerdo habían terminado el programa. Ahora revisando encuentro que está en la grilla de programación de Radio Taino (broadcasting from radio centro in havana) así que puede ser que haya vuelto, o que nunca se haya ido y yo me haya imaginado que había desaparecido como buscando una excusa más para irme; como enajenando mi percepción de La Isla ya en las postrimerías de mi partida, como para que me doliera menos partir; partir y dejar la radio VEF que me dejo mi abuelo, dejarla ahí, sin pilas y al costado de mi vida entera…

De cámaras y otras cuestiones

Mi primera cámara fue una Vilia, 35 mm, y el primer rollo que tiré en mi vida fue un ORWO NC 21 que nunca revelé. En mi memoria y sólo en mi memoria están los fotogramas perdidos de aquella tarde en la escuela de los rusos de Av. 31, donde recuerdo dieron bombones y refresco negro, que ya para entonces escaseaban. Sólo ahí, y con la niebla del tiempo recuerdo las fotos que le saque a mis compañeritos de 4to A y al enorme culo de la auxiliar pedagógica que nos acompañó.


Todo empezó porque R. (amigo de entonces, actual hermano de alma) tenía una Vilia, del modelo anterior, la que no tenía las nubecitas y solcitos en el visor. Luego yo quería una camara, la que fuera, y ante la disyuntiva de una Smena y una Vilia, creo haber sido bastante sensato pese a mis 8 años de entonces. Recuerdo ahora como R. empezaba a experimentar sus habilidades muelo-bisneras conmigo, cuando sin el más mínimo escrúpulo me vendió unos rollos ORWO NP-20 que el mismo compró por equivocación en la ferreteria de al lado de la tienda La Sirena, con aquel inolvidable argumento de que un rollo de 120 mm si lo cortamos al medio tenemos 2 rollo de 35 mm. Yo caí como el comemierda que ya desde entonces se anunciaba que sería; y ahora se me ocurre reflexionar (aunque no es el tema) lo rápido que se perdonan esas infidelidades cuando uno es chiquito. Tiempo después, en un juego de pelota, R. me hizo la vida un yogur de cubitos y previa sendas mentadas de nuestras respectivas madres, procedimos a entrarnos a piñazos y a no hablarnos ni vernos más por un período de aproximadamente 9 (si NUEVE) años, pero esa es otra historia.

Lo cierto es que estando en 7mo, conocí a Liván, un fotógrafo que sacaba fotos en los bautizos de la iglesia de 130, y un día hablando me dijo que si quería el me prestaba una camara y un rollo. Yo le dije que tenía una Vilia, pero el insistió en prestarme la Lubitel y darme un ORWO NP-20 (ya vencido, que se ve que nó tenía de 35mm para regalar) y esa misma noche me fui con Pepe (mi padrino y amigo) al Latino. Play Off, Villa Clara - Industriales, creo que esa sería la segunda vez consecutiva que Villa Clara salió Campeón; y aunque no estaba ni cerca, saqué algunas fotos y deje un par de fotogramas para tirarlos en la escuela al otro día. Ese rollo sí lo revelé, bah, lo reveló Livan, yo sólo miraba con cara de bobo y apenas si aprendía. No se pudo imprimir ninguna y el negativo lamentablemente no lo conservo. Luego conseguí no se en donde unos rollos ORWO NC-21 que sirvieron sólo para comprobar el estado inservible de la Vilia (recuerdo mi cara de asombro cuando iba por la foto 82 y no se terminaba nunca el rollo, sencillamente porque no arrastraba, algo debió haberse roto).

Pasaron 3 años hasta que me interesara nuevamente, y esta vez si fue en serio. Livan me presto una Zenith, y mirar a través de una reflex me cambió la vida por completo. Ahorraba cada centavito para comprar unos rollos Konica carísimos y para revelarlos en Photo Service para aunque fuera tener el negativo. Luego, antes de empezar el curso de Fotografía en G y 21, mi padre me compró una Konica reflex, muy buena camara, con un 50 y un 135. En el curso hice buenos amigos, y algunas relaciones que intente por todos los medios conservar. Los amigos con el tiempo se diluyeron y mejor resultado me dieron las relaciones: gracias a eso hice las prácticas del Tecnológico en el ICAIC y mi profesora de Fotografía Color (que es Ingeniera Química) terminó siendo mi oponente de Tesis.
Una noche, ya en el último año del Tecnológico, y con una prueba de Microbiología muy próxima y amenazadora (características muy comunes en todos mis examenes del penúltimo y del último año de la escuela) decidí ir a estudiar a la casa de una compañera que vivia cerca de casa, con la cual en los 4 años de carrera si hablé más de 10 palabras seguidas habré estado borracho. Luego de estudiar algo (ya ni me acuerdo qué) regresando, pasé frente a la casa de R. Durante todo ese tiempo habré pasado quinientasmil veces por casa de R. Nos habíamos visto así de refilón en dos o trés ocasiones, que servían para confirmar (como aquella vez en el concurso provincial de química) que seguíamos teniendo intereses en común. Esa noche R. estaba en el portal Consolidado del Televisor que estaba al lado de su casa, con una botella de silver dry y un conocido; esa noche R. me dijo asere ven pa acá y me quedé tomando ron hasta las 2 de la mañana. Al otro día aprobé Microbiología y visitar la casa de R. volvió a ser parte de mi rutina.

La hepatitis retrazó la graduación, y en enero se me fue R. ha hacer un periplo que terminaría en Miami. Empecé a trabajar en una publicitaria, y yo, que para ese entonces, ya había pasado por tres Canon y una Minolta, por primera vez en mi vida, supe que era una Nikon y un Laboratorio Color en la vida real. También por ese entonces conocía a la Sony Mavica, que en vez de rollos usaba diskettes de 3 1/2.
Es curioso cuando acá me preguntan que hacía en Cuba y contesto, fui fotógrafo; ya estoy acostumbrado a las caras de sorpresa y asombro de quienes nunca me han visto con una camara al cuello. Y una de mis frases preferidas es: Acá nunca he tomado una foto en serio. Y es la dura realidad. Mi relación con la fotográfia esta muy ligada a mi relación con La Habana, con Cuba toda. Y no es sólo esa especie platónica la que me inhibe... pero si escarbamos bien profundo... todo redunda en eso... no es mi ciudad... no es mi país... no puedo retratar nada que no sea Cuba.

Hace poco con mucho esfuerzo me he comprado una Sony H-2, y apenas si la he usado... la compré más esperanzado en un futuro viaje a Cuba que en retratar mi realidad cotidiana actual Y es un error, lo sé; lucho por intentar remediarlo, aunque por ahora no descubro como. La foto urbana, la foto calle, la foto documental sólo se me dá en mi Cuba, esa que dejé hace ya unos años y que nunca será la misma sin mí, ni yo sin ella.


El Reloj

Un buen día –hace como dos semanas –apareció ahí. De pronto, inesperadamente, en la esquina de 23 y N en La Rampa. Surgió como por encanto. Nuevo, rojo, bello, imponente.
–Bellllo reloj –expresó macanudamente un periodista uruguayo que pasaba por ahí.
–¡Vaya!¡Qué vacilón! –dijo el chofer de la ruta 22 que frenó junto a él.
El chofer, que venía adelantado en su itinerario y, por tanto, traía la guagua arrastrando una pesada ancla, aprovechó y consultó la hora. Las 10 y 15 p.m. ¡Imposible! Si el sol estaba todavía que rajaba las piedras «Mmmm… ¡qué onda más rara! ¿Cuál será la envolvencia de ese reloj?», pensó el chofer.
Ése es el tremendo, insondable, profundo e indescifrable misterio. ¿Cuál es la envolvencia del nuevo, bello, rojo e imponente reloj de La Rampa?¿Qué onda trae?¿Qué hora da? Porque eso sí. Dar hora, da. El nuevo, bello, rojo e imponente reloj de La Rampa no está parado. El monstruo camina. Las manecillas se mueven, giran, lenta, suave, dulcemente. Y dan la hora.
Pero es una hora misteriosa, mágica, intemporal, envolvente.
La gente pasa, mira… y se detiene curiosa, atenta. Asombrados unos, nerviosos otros, sobrecogidos, inquietos, expectantes. Y se arremolinan bajo el nuevo, rojo, bello e imponente reloj. Y surgen, inevitablemente, los puntos de vista, las explicaciones, las discusiones, las tesis.
Una señora explica:
–Ya sé, ésa es la hora en que van a dar los turnos por teléfono en el Polinesio ¡Ay, con lo que me gusta el arroz frito con faisán!
–No, compañera –le aclara un hombre de mediana edad, –ésa debe ser la hora de Italia. ¿Usted no ha visto que enfrente está la Exposición Industrial Italiana? Es lógico, ¿no?
–¡No, locos! –grita un poeta, que está en la onda de la antipoesía –¿pero no se dan cuenta de lo maravilloso que es ese reloj? ¡Está dando la hora de las musas de ahora! ¡La antihora!
–El loco será usted –responde un psiquiatra que se ha unido al grupo. –Mire, ésa debe ser la hora del Meridiano de Greenwich, que es por la que se guía Prensa Latina que está en la esquina.
–¿Y no será la hora de Australia? –pregunta otro. –Como el MINAZ está ahí mismo, pues a lo mejor es por la onda del corte de caña australiano y eso. Vaya, digo yo…
–No, no es eso. El reloj, simplemente, da la hora que le da la gana. Y así es como debe ser –dice sonriendo un despistado con tendencia anarquista.
¿Será el ICAIC que estará filmando una película de ciencia ficción? Una bolá de Ray Bradbury, Iván Efremov… ustedes saben como es eso.
–No, hombre, no. ¡Ja, ja, ja! –rie un humorista, –¿pero no ven que es magnífico? ¡Pero si es una broma genial! Lo puso en hora Charles Chaplin, Harlod Lloyd… ¡ja, ja, ja!
–Compañeros –apunta un profesor físico-matemático con cara de ecuación de tercer grado, –la cosa no es de risa. Tiene su explicación lógica y científica. Evidentemente, como es eléctrico, sufrío un accidente. Ahora, simplemente habrá que calcular cuantos accidentes más se necesitarían suponiendo que el wattage del pico se mantenga en la misma variable de intensidad… pues se necesitarían… es realmente un problema realmente sencillo para una computadora, pero así, grosso modo, pudiéramos calcular…
–¡Caballeros, no se rompan más el coco! ¿Ustedes no se la llevan? ¿No filtran como es la envolvencia? Lo que pasa es que se han olvidado de ponerlo en hora. Ese reloj lo que está dando, vaya, lo que está dando es la hora de la envolvencia.
H. Zumbado; Marzo, 1971 (Limonada, 1978, Letras Cubanas)

Burrón Azul

No conocí a Fabito, ni siquiera sé si le decían así. Una gran amiga mía es amiga de su padre. Y es muy curioso, porque años atrás yo estaba en casa de esta amiga cuando la llamaron y le contaron que se había muerto el viejo Fabio, el abuelo de Fabito. A esta altura es una obviedad aclarar que era mi amiga la que lo llamaba Fabito, y que yo sólo lo conocí con ese nombre.
Por ese año, el año de la muerte de Fabito, yo aun andaba con una cámara fotográfica colgada al cuello y empezaba a interesarme por el cine, más concretamente por la escuela de cine. De más está decir que mi amiga me había prometido así vagamente algún día presentarnos a Fabito y a mí; en ese momento apenas recordé que era el nieto del viejo Fabio. Un par de meses después, mi amiga me pide que vaya a su casa y consternada me cuenta: Fabito murió, Fabio está destruido. Resultó que a partir de ese momento no dejé de encontrarme con gente que había conocido a Fabito; y en mis míseros seis meses en el ICAIC fue un tema recurrente entre la gente joven. Yo me fui de Cuba y nunca conocí a Fabio.
Hace unos meses
ya que encontré el blog de Akekure, en medio de esa nostalgia, de ese gorrión violento; y si bien Akekure y otros que frecuentan esos lares son de una generación levemente desfasada con la mía, trato de mantenerme al tanto y tratar de recordar muñes que tal vez nunca ví. Al pasar un tiempo de andar por ahí, en una entrada Akekure descubre y recomienda (con todo el riesgo que entraña) el blog del Burrón Azul, que por aquel entonces empezaba a subir sus primeros videos. Recuerdo también una actitud muy digna de su parte (de Burrón Azul) al retirar unos comentarios sin que nadie se lo pidiera.
A menudo miro un poco los videos, algunos con el corazón hecho un giñapo, otros muerto de risa y algunos con rabia. Y quizás esta última ha sido la causa por la cual el blog (y por ende su versión en Youtube) no ha figurado como Link en estas pobres páginas. Hay frases suyas que me irritan y duelen, porque parecen pensadas con el hígado y no con la cabeza; a pesar de que (como contesté a algún mequetrefe en otro blog) no descreo que existan anticastristas
inteligentes y con buen gusto.
He tratado de ser muy cuidadoso a la hora de seleccionar que blog recomendar o no en estas páginas. Creo estar en mi derecho, de la misma manera que los blogs de la aparentes miembros de la UPEC sólo recomiendan blogs de la
aparentes miembros de la UPEC y los blogs con aparentes miembros de la FNCA sólo recomiendan blogs de los aparentes FNCA.
Me considero una persona bastante política. Decisiones que por ahí a cualquiera le podrían parecer una bobería a mi me cuestan, porque las tamizo y las retamizo. No estoy muy seguro de
poseer el tamiz correcto, pero me parece importante el acto, el análisis, la razón. Creo que puedo estar equivocado, y me gusta la gente que comparte conmigo esta creencia, pero esto no me impide seguir adelante y aplicando al mismo tiempo que formando mis principios (que por qué no, terminarán definiendo mis finales). Los absolutos son mascaras tras las cuales se esconden unos escualidos y asustadizos inseguros. Me considero también una persona bastante científica, y en epistemología me enseñaron que es una falacia dar por verdadero un enunciado universal.
No pretendo que se tome como una forma de altanería de mi parte, no soy ni mejor ni peor, sólo soy diferente, y no selecciono o recomiendo aquello que sea muy diferente de mí.
Pero hoy he pensado distinto, o al menos levemente. Hace un par de días la lola me ha escrito un mensaje que me ha gustado mucho, donde me decía que no importa si pensamos igual o no, sino que ambos seguimos con el corazón en Cuba.
Y hoy viendo un poco algunos videos en Youtube, me he sorprendido encontrando un video del Burrón Azul dedicado a Fabito. Hoy me vino a la mente su actitud digna de la otra vez, su dedicación subiendo y posteando videos que para muchos que estamos un poco mas allá de las 90 millas náuticas nos sería muy difícil conseguir, y su amistad con Fabito muy bien recordada en el video. Y he pensado que tal vez he exagerado un poco. Que puedo y me permito, a pesar de muchas de las cosas que nos separan al Burrón Azul y a mí, recomendar su videoblog en estas humildes páginas. No sin advertir que tiene un humor tan ácido como cubano, que no se calla nada, que no tiene pelos en la lengua y que además se la pisa. Que no pensamos igual respecto al futuro de Cuba pero que no me importa; su corazón está también en Cuba, como Fabito, como todos nosotros.

Cachita



Virgen de la Caridad, / que desde un peñón de cobre
esperanza das al pobre / y al rico seguridad.
En tu criolla bondad, / ¡oh, madre, siempre creí,
por eso pido de ti / que si esa bondad me alcanza,
des al rico la esperanza / la seguridad a mí.

Nicolás Guillén

¿Verdadero o Falso?

No me sorprendió, pues algo había leído sobre el "relanzamiento" del Ron "Havana Club" por parte de Bacardí, ver en CNN en español (canal del cual, sinceramente, no soy asiduo por muchas razones, la principal es que no veo Televisión, y de ahí se podrían desprender muchas más pero no es el objeto de esta entrada) a la periodista mexicana Gabriela Frías teniendo (o intentando al menos tener) una especie de dialogo con "alguien" (podríamos llamarla así, porque si dejo un espacio vacío como correspondería, no lo van a entender muchos), con una pobre chica jefa o directora de marketing de Bacardí. El asunto era simple, la pregunta de Gabriela más o menos así: -¿Por qué sacar un producto con una marca que ya existe, cual es el sentido si ya existe un producto similar con IGUAL marca en el mercado? -Y la tontita contesto algo así: -Nosotros tenemos los derechos de la marca en EEUU, por lo tanto podemos hacerlo, y creemos que podemos ofertar un producto premium, de calidad superior, que satisfaga las demandas del mercado de EEUU. -A lo cual Gabriela le contestó -No me has respondido mi pregunta, yo te pregunté por qué Bacardí decide sacar al mercado un producto que ya existe con la misma marca. -Y la burrita contesto: -Nosotros creemos que podemos ofertar un producto premium, de calidad superior, que satisfaga las demandas del mercado de EEUU y podemos hacerlo porque tenemos los derechos de la marca en EEUU. Gabriela, muy paciente, le explica a la niña, pobre, tontita, hijitadepapá: -Sí, entiendo, pero... que tal si nos salimos un poco de la empresa, digo, desde el punto de vista del marketing no parece ser recomendable esto de relanzar una marca que YA ESTA, que existe y tiene el reconocimiento del mercado, más allá de que no se comercialice en EEUU. -Ante lo cual la descerebrada dijo: Nosotros, premium producto un, podemos que satisfaga de superior demandas calidad hacerlo EEUU mercado del y tenemos porque podemos los EEUU marca derechos de la. -O algo así. (Fue muy gracioso ver como también tuvo la necesidad de preguntarle TRES VECES a la muchachita, acerca de si tenían pensado lanzar el producto en otras partes de EEUU o de el mundo, para que la chica, que no está preparada no para una entrevista, ni siquiera parece estar preparada para ir al baño si no se lo ordenan, dijera siiii bueeeeno, hay algo preparado pero por ahoooora la idea es concentrarse en la Florida, si bien se tienen en cuenta otras ciudades --CUALES CIUDADES POR EJEMPLO-- Dijo Gabriela por tercera vez ante la cual la chica dijo tres ciudades más e intentó recalcar que la idea es concentrar el lanzamiento acá (o sea allá) en Florida pero Gabrielita la interrumpió bruscamente y le dijo, SI ESO YA LO DIJISTE; GRACIAS y dio por concluida la entrevista) Hacía rato no me divertía tanto.
Mucho hay en Internet sobre el diferendo Bacardí - Pernod Ricart. Y el asunto parece ser simple pero tiene sus matices interesantes, sobre todo en estos días que mucho se habla de transición y de eras post Castro. Bacardí se arroja el derecho sobre la marca basada en ellos tenían acciones y actualmente parecen ser los accionistas principales (sino nuevos dueños) de la firma llamada un principio (y desaparecida de la faz de la tierra en 1960) José Arechabala, S.A. (fundadores de la marca Havana Club, que fue nacionalizada en 1960 por el estado cubano), disuelven esta sociedad (o sea, disuelven lo ya disuelto, no se químicamente como se explica esto) y crean la José Arechabala International Limited, donde la familia Arechavala le "cede" a Bacardí los "derechos" de la marca. Ha habido todo un cabildeo en los 90, que si sí, que si no. Cuba directamente tenía registrada la marca en EEUU desde 1974 (cuando ya NO eran los dueños los Arechavala) y después expiró, y no se puede renovar por el Bloqueo... en fin. Finalmente, Helms Burton mediante, Bacardí se salió con la suya.

Ahora, tengo dos interrogantes-moralejas de esta historieta:
Me pregunto,(Igual que Gabriela Frías) ¿para qué carajo Bacardí que es la Compañía líder a nivel mundial en Ron y licores (la firma creo que se llama Bacardi-Martini, les suena?) saca un Producto que ya circula con la misma denominación? y me doy cuenta que la pregunta es retórica, que comercialmente no tiene sentido, no pro
ducirá ningún beneficio. Si Bacardí necesitaba un producto Premium y no le bastaba con su propia marca podía perfectamente crear una nueva y san se acabó. Introducir una marca nueva es más barato y más fácil que intentar desplazar a una que está posicionada paralelamente y con igual denominación. Me pregunto y habrán algunos como la tontita esa que sólo sabrán balbucear y proferir improperios.
Me pregunto además, si amparada en la Helms Burton, EEUU ha sido capaz de conceder los derechos de una marca (propiedad intangible, abstracta si las hay) de una empresa nacionalizada por el estado cubano en 1960, ¿que posición tomaría llegado el caso EEUU sobre propiedades más concretas? Me pregunto y temo por Cuba una respuesta.


No suelo tomar mucho desde que emigré, y en la ciudad donde vivo el ron Havana Club (el original, el verdadero, el cubano) cuesta el doble que el Bacardí. El ron Bacardí es un buen producto, para mí que no soy de ninguna manera un especialista, y reconozco que lo he comprado en varias ocasiones, por la cuestión económica obviamente. Pero hoy he pensado que hay decisiones que van más allá de la economía, y que uno debe actuar (siempre, o siempre que se pueda) signado por principios y no por monedas, así que he decidido no comprar más ron Bacardí y resignar mi afición casi patológica por el Martini seco en el cono esbelto y la aceituna borracha que se resbala y resbala.

In Memoriam


Mientras a esta hora El Nuevo Herald habla de la reaparición de Fidel, y de un supuesto brote de Dengue, y el Granma se enfoca sobre el encuentro Chavez - Fidel y las celebraciones del cumpleaños del comandante en Harlem, muere en Ciudad de La Habana un Genio de la narración deportiva, un tipo entrañable y querido, un cubano con todas las letras. Nunca más escuchar un juego de pelota será lo mismo sin su voz, sin su carisma, sin sus peleas con su eterno amigo el cojo. Hoy la pelota tiene una cicatriz incurable y sangrante, hoy la yerba esta mojada de lágrimas, pero este juego amigo Eddy, no se suspende por lluvia. Honor a quien honor merece. Honor y Gloria.


Acá la noticia y una breve biografia de un Grande.

Levantate y anda



La noticia había que darla, pero ante la reticencia a informar partes médicos (ni artículos o pequeñas notas que puedan parecerlo) Granma, que no entiende a veces el concepto de literariamente ridículo, publica esto. Sin palabras.