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Decenio




Esa mañana amanecí con Uds, despidiéndome de todo, primero Uds, luego el parque central, el capitolio, las guaguas, las calles, el polvo y el hollín habanero; Marianao, mi patria chica, mi barrio, mi casa, pasillos y azoteas vecinas, mis amigos, mi familia, mis padres, mi Habana, mi Cuba. 


No me despedí del malecón, nunca podré. 
De esa mañana hoy hace diez años.


De cigarros y otras cuestiones II

Pero fumar suaves en Cuba era complicado, sobre todo, cuando no existía el Hollywood y uno se quería dar coba fumando algo que no fuera los desprestigiados Aromas. El Visant vino a suplir esa vanidad: Costaba sólo 0.60 USD, era una caja con naylito al estilo H. Upmann, más agradable a la vista y un sabor menos rancio.

Pero sucumbí. Todos fumaban Populares, y en una época de vacas flacas, comprendí la necesidad de apegarme al standard nicotínico cubano y fumar fuertes (cómo todo el mundo). Y sólo entonces comprendí el oxímoron que entraña que el cigarro suave más "popular" de Cuba se llame Aromas, y la vomitiva impotencia que genera (en un fumador de fuertes) darle una insulsa, etérea y a la vez asquerosa patada a un Aromas. No obstante y aunque no lo parezca, le guardo un cariño especial al suave, casi el mismo platónico cariño que le guardo a mi primera novia (que si lee esto, me querrá matar sin dudas y no sin razón).

De cigarros y otras cuestiones I

La primera caja de cigarros que compré, en pleno año 94 y con el dólar a 150 pesos fue una caja de More roja. Yo había probado los mentolados en alguna que otra fiesta e imagino (aunque no recuerdo) que alguna patada le debo haber dado a un Popular por ese entonces. En séptimo grado era común ver a chicos fumando como locomotoras, e inavitablemente uno cae en la tentación de probar. No obstante los More rojos, no eran como los mentolados, y terminé compartiendo media caja con una profesora de inglés que tuvimos (que además de fumar, gustaba de comer los restos de tiza que se juntaban en el marco de las pizarras). Fumar no era para mí. No sólo por lo patético que me parecían los fiñes de 12 años con ademanes de obrero portuario consagrado y vanguardia nacional, sino porque no me gustó, y punto.

No fue hasta 4 años más tarde, en agosto del 97 que empecé a fumar en serio. Recuerdo el instante en el cual le pedí un cigarro a Rolando y también recuerdo que la primera caja completa, fue cuidadosamente sustraida de la cuota que percibia mi padre por la libreta y que mi madre vendía. Ahora que lo pienso bien, no recuerdo si exactamente mi madre ya había dejado de fumar, lo cual es perfectamente posible, no porque mi madre no mantuviera una firme y ferrea contabilidad de su stock de cigarros, sino porque ella fumaba fuertes y yo, debo confesarlo, empecé fumando Aromas.

Ironias del confort


Podría haberlo planeado mejor. Podría haber llamado a varios conocidos, pero un sábado a la tarde se supone que ya todos tienen planes; y es más, se supone que se estén llevando a cabo esos planes. Yo sólo necesitaba subir esos 60 kg en 1/3 de m3 dos pisos por escalera que me harían la vida un tanto más confortable. Pero necesitaba dos manos más.

Apuntes y aporías sobre la blogósfera cubana: Antecedentes: Islagrande, o el inicio de la Chatósfera

Uno de los primeros nicks de R en el ICQ fue Henri de Valois... y es el único que recuerdo. Por aquel entonces ya R pensaba solamente en Irse, aunque no había comenzado a construir (en la sala de mi casa) el katamaran balsero de poliespuma, resina y fiberglass con el que pensaba hacerlo.

R siempre fue un adelantado. Hubiera descubierto América antes que los vikingos de haber sido contémporaneo. Ya en ese entonces pretendía crear un sitio llamado jawsite (Just Another Web Site) al mismo tiempo que programaba en C++ una aplicación para administrar un Banco de Bolita que un conocido le había encargado. Por esa época R había conocido varias "novias" por internet, incluyendo una fugaz argentina que probablemente haya sido un profesor de secundaria con ganas de joder, o de alimentar alguna fantasía (aunque R nunca quiera reconocer que esa tal Alejandra... nunca existió). Y en el canal La Habana del Latinchat, R conoció a WaXaXiTa, una cubana que vivía en no me acuerdo que parte de EEUU y que fue el catalizador de sus ganas de irse (aunque esto también R lo niegue a rajatabla).

Apuntes y aporías sobre la blogósfera cubana: Antecedentes: Internet


Hace muchos años, a C le regalaron una 486 por sus 15 años, yo acababa de conocerla y recuerdo que una vez, después del divorcio de sus padres y la mudanza al departamento nuevo, viendo el ícono de "internet" del escritorio le pregunté desde la más absoluta ignorancia informática, ¿qué pasaría si hacía doble clic en ese ícono?... ¿nos conectaríamos a eso tan abstracto y tan raro que llamaban internet? ¿sería ilegal? ¿nos vendría a buscar la policía? Recuerdo el leve nerviosismo cuando finalmente me atreví a cliquear sobre el íncono, y la rara sensación cuando devolvió el error. La máquina de C ni tenía modem, ni mucho menos estaba conectada a la línea telefónica, pero por ese entonces, no sabíamos nada del asunto; sólo jugábamos Solitario, Buscaminas y Carmen...

Sueños Mezclados

Las últimas noches sueño más de lo acostumbrado; tal vez mi empeño sumergido en vencer el insomnio entre almohadas y recuerdos. Es en ese estado semiconsciente, real y ficticio, donde a veces, me despierto dando un golpe de reflejo, o donde a veces ya soñando descubro que sueño, aprovechando al máximo ese segundo de omnipotencia e impunidad.

Soñar con Cuba no es una novedad; sería raro que si la pienso todos los días, no la sueñe casi todas las noches. Lo realmente extraño y tenebroso, es que en estos últimos ejercicios, inconsciente (de que otra manera sino) he mezclado desprolijamente y a pierna suelta, geografías, contextos y personas.

He soñado una Avenida Rivadavia que cruza Marianao, una Rampa que termina en el Obelisco, un malecón en el Rio de la Plata. He soñado todo eso y más; y me he asustado bastante.

Una pelicula...

Un joven que se quiere suicidar tirándose de un puente, y un drogadicto que lo convence de que no lo haga, con el argumento de que le iba a dar unas pastillas para que la muerte fuera indolora, a cambio de su reloj.

Hacen el trueque y el drogadicto le pide estar presente desde que el tome las pastillas hasta que muera, la excusa es que nunca ha visto a nadie morir. A regañadientes, acepta y cuando siente los primeros retorcijones, se arrepiente y se asusta, y le pide al drogadicto que lo lleve a un hospital. En el hospital, con el médico delante y el frasco de pastillas en la mano, el suicida descubre que las pastillas eran vitaminas.

Este es el comienzo de una película que he visto hace años en Cuba, que quisiera volver a ver y no recuerdo ni su título, ni los actores...

En mi memoria tengo agujeros por un lado y mezclas por el otro. En la medida que pasa el tiempo, me cuesta más distinguir si un momento, o una sensación la he experimentado en La Habana o en Buenos Aires. Incluso por momentos olvido sustantivos, adjetivos y hasta verbos. Hoy he escuchado la palabra pajuato y una ráfaga de recuerdos me atravesaron en un instante.

Ay Oliverio...




Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.

Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.

Asistir a los cursos de antropología,
llorando.
Festejar los cumpleaños familiares,
llorando.
Atravesar el África,
llorando.

Llorar como un cacuy,
como un cocodrilo...
si es verdad
que los cacuyes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.


Llorarlo todo,
pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz,
con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo,
por la boca.

Llorar de amor,
de hastío,
de alegría.
Llorar de frac,
de flato, de flacura.
Llorar improvisando,
de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

Aterrizaje

Y por fin, las ruedas del avión tocaron fondo,
tocaron tierra.


Se arrastran por el pavimento duro,
áspero y mojado.


En las ruedas del avión estoy descalzo,
y el asfalto me frota las plantas
y me lima los huesos:
me desgarra
la carne,
me descose
las vértebras.

El instante no tarda,
pero es infinito:
como si la calle fuera a tragarme con lentitud
y duda,
como reparando en cada porción
infinitesimal
de mi medio cuerpo,
reparando
en cada paradoja.


Cuando se detiene descubro
perplejo
que aun tengo manos
y medio torso sobre el asfalto;
y descubro también que
la humedad
de la pista es mi sangre marchita,
y mi esperma.

Irse

A los que me esperan:

Sentí que el avión aterrizó de manera extraña. No estaba dormido pero me desperté raro. Hubiera jurado que me había tocado ventanilla, ala derecha no fumador, y sin embargo el pasillo y un gordo sentado al medio eran mis compañeros de viaje. Una vez más no pude ver Cuba desde el cielo. Lo más sospechoso de este regreso es que no me sorprende.

Quizás fue por cábala, modorra, o alguna decisión extravagante de mi parte, pero en un momento me vi caminando de espaldas, sin tropiezos y sin la mirada puntual de ninguno de los alrededores. La azafata en la puerta me dio la bienvenida y la perdí de vista mientras salía por el cilindro articulable que me daría entrada al aeropuerto. Verifiqué vuelo sin asombro e hice una extraña cola para sentarme. Finalmente no se si advertí el despropósito, pero cuando no hubo nadie detrás de mi, pude descansar en uno de los tantos asientos vacíos de la sala de espera, que en un rato largo se lleno de gente que intuyo descendía del avión.

Había mucho humo en la sala, diez horas sin fumar en mi ritmo habitual eran demasiadas, así que recogí un cabo aun prendido en el cenicero y me dispuse a aspirar el humo circundante y devolverlo en el endeble cabo, que lentamente iba tomando forma, hasta que lo apagué con mi fosforera y lo guardé.

Dos horas de nervios necesarios y decidí salir. Me revisaron el equipaje de mano y pasé al control migratorio.

-Buen Viaje. -Me recibió la oficial de verdeolivo junto a un gesto con la mano por el que supuse me pedía el pasaporte.

-Si -le contesté y sin sorpresa, tecleando, y comprobando mi foto con mi rostro me preguntó: -¿Primera vez?

-¡Buenas Tardes! -Le contesté a su despedida, pagué el impuesto aeroportuario e inmediatamente fui a buscar el resto del equipaje. Otro un chequeo medio raro en el que le añadieron una página a mi pasaje y me devolvieron la maleta; y otra cola inmensa, nunca supe si para sentarse, para ir al baño, comprar una cerveza o simplemente irse.

Cuando al fin salí, un taxista que no se si me esperaba dio marcha atrás, me deseó buen viaje y me puso el equipaje en el maletero. Antes de arrancar le pagué el dinero justo y sin decirle nada me llevó camino a la casa.

Y vi justo los últimos reflejos que tenía de Cuba. La imagen del aeropuerto nuevo, la moderna autopista, los carros con chapa TUR y los taxis amarillos. Luego, o antes, una hilera de palmas que me encandiló la vista, que se perdía y nacía en el horizonte y me hacía creer una vez más que el infinito y el tiempo son una sola rueda interminable. Como la rotonda que pasaríamos o ya habíamos pasado. Y Cuba, Cuba es el centro casi invisible de la rueda

Luego, o antes la entrada al barrio, las lágrimas que se escurrían bien adentro de mis ojos y que me había jurado no vería nadie. Y nadie las vio. El taxi terminó de dar marcha atrás y estacionó bajo la mirada de mis padres y tres grandes amigos.

Me recibieron con tristeza. Mi madre aguantó el llanto con las manos y mi padre lo llevó por dentro. Una foto que aun no he visto y en la que no tuve el tino de incluirlos a todos registra el aciago día.

Aquella mañana la pasé muy nervioso, pero con los años, dejé de pensar en ella.

Buenos Aires, 16 de septiembre de 2003

Reflexión Antillana

Como ya he hecho alguna vez, reproduzco acá un comentario que he hecho en otro blog (en este caso La Habana a todo color, de Antillana del Mar) y que creo merece la pena repetirlo acá... (nobleza obliga mencionar a Yvette, a quien agradezco el impulso que inconsiente me ha dado para esto). Quisiera aclarar que en lo absoluto creo que mis escritos, reflexiones o desvaríos (aplique el lector el sustantivo que crea más justo, o no, según el caso) tengan algún valor que exceda lo íntimo testimonial o casi boceto de pensamiento inconcluso, pero igual ahí va, mi comentario en respuesta a la entrada Ser o no ser.

Alinearse es ajustarse a una línea de pensamiento, y defenderla a toda costa... defenderla en la práctica donde sucede, que al alinearse, uno suele tener el "deber" de defender lo indefendible, inventándose excusas, y de acusar lo intachable, inventándose pretextos... esa es la política, muchas veces arte de la simulación, la manipulación y el engaño.

Esto es la vida real, no la utopía de Smith, ni la Utopía de Marx. Los hombres que llevan a cabo estas utopías son corruptibles... y lo corruptible por lo general, tarde o temprano se corrompe...

Fe en la Humanidad? Poca... al menos de mi parte...

Por otro lado, nosotros, el electorado volátil, no militante, no somos ni suizos, ni pH 7, ni ese gris mitad luz, mitad sombra que querríamos.

Es imposible no tomar partido, sólo que nuestra posición dependerá de la ubicación de los otros... que nos verán más para allá, o más para acá... Es imposible incluso estar por encima de eso, o afuera...

Es probable que el tiempo clarifique las cosas, pero yo soy más pesimista, creo que el tiempo nos gana por cansancio y las cosas no son claras, sino es nuestra pupila la que se dilata, se adapta al nuevo escenario y vemos ciertos brillos que antes era imposible captarlos. Pero te recuerdo, que con la pupila dilatada, es imposible definir los objetos a cierta distancia; eso sin contar que si prenden la luz de golpe, nos quedaremos encandilados un buen rato... A todo esto dirás (para seguir con las metáfora oftalmológica) que entonces será mejor cerrar los ojos, y si, sería lo perfecto, pero no sería práctico, podés tropezar y caer sin darte cuenta...

Que decirte Antillana, que no sepas ya? Si ese es nuestro "error" quizás, saber más de la cuenta...y no saber nada al mismo tiempo.

Somos dos, somos muchos...

Acabar de Irse

En las postrimerías de mi viaje, (y cuando entre cubanos emigrados, decimos, mi viaje, sabemos que estamos hablando de El Viaje) una costumbre recurrente era, al salir del trabajo a altas horas de la noche e ir caminando un kilómetro y medio hasta la CUJAE para coger la 190, (perdón, pero las guaguas no se toman, ni se agarran, se cogen así no más) era ir fijando momentos, decirme a mi mismo: Cuando esté afuera, recordaré este momento, este preciso instante, no necesito anotarlo porque queda grabado este momento como si fuera un momento único.

Era una pobre y triste manera de mitigar la roña causada por la impotencia causada por la burocracia, el papeleo y el trauma que implica irse de Cuba (por la vía que sea). Fueron muchos los momentos únicos, aunque reconozco que algunos más traumáticos serán imborrables.

Irse de Cuba es un proceso complejo, que depende de múltiples factores y que en ningún caso responde a ningún patrón o posibilidad de catalogar las distintas maneras de Irse; desde las vías sean marítimas o aéreas, hasta los años vividos (o no), y la familia que uno deja. Influye también el por qué, y porque no, el por cuánto. Influye la esperanza y el hastío, la desdicha y la fortuna, la suerte y el osorbo... Pero al fin, muchos (no todos) hemos conseguido tras perseverar en nuestro empeño, saltar el gran charco de agua que nos a - isla del mundo.

Y rememorando puedo recordar esos momentos grabados, la tarde cuando hice mi pasaporte, cuando fui a buscar la carta de invitación a consultoría jurídica, la indescriptible mañana en que me dieron la visa, ya con el pasaje en la mano, con fechas que se postergaron dos veces, las idas y venidas a la Oficina de Inmigración y Extranjería, la inolvidable tarde en que me dieron el Permiso de Salida, el insoportable atardecer del domingo en que me fui... Lo que no recuerdo aun es el regreso... y es que hoy me he dado cuenta, de que regresar es parte de Irse, y quizás es
ese el por qué de mi intranquilidad a veces... Y es que aun no me he ido de Cuba, aun vivo rodeado de agua con el insoportable sopor tropical a cuestas.

Y es que quizás necesite Volver, para acabar de Irme...

Notas de Viaje

No hablaré detalladamente sobre el viaje, no porque sea secreto, sino porque las vacaciones están para disfrutarlas más que para contarlas. Sólo hablaré de algunos fantasmas que me acompañaron.

En los primeros días fui al Museo del Presidio, y resultó que por esos días en el salón central del panóptico proyectaban a la noche Fresa y Chocolate. Luego caminando por la calle principal de Ushuaia encontré este curioso buzón, al que no pude evitar sacarle una foto.


Días después habría de cruzar el Estrecho de Magallanes dos veces, así que en un corto tiempo, fui y vine de la Isla, y en la Barcaza que nos cruzó (del lado Chileno) pensé en todos aquellos cruzaron con éxito el otro estrecho aquel, y en los que les costó la vida.

Al regreso a la Isla me encontré con La Bienal, de la cual sólo vi una parte (la foto abajo es de la entrada a la Bienal, y la instalación que se puede ver es de un Lada del cual sale tierra)(¿o entra la tierra?) y al regresar a Buenos Aires me entero que que no era yo el único cubano en Ushuaia por esos días. Una pena no haber podido encontrarme con Kcho, y no haber podido ver su obra. (Por cierto Kcho nació en Isla de la Juventud, que nosotros siempre cariñosamente llamamos: "La Isla" y no me imagino lo que debe ser nacer en una Isla dentro de otra Isla, como ya he dicho alguna vez)


Esto ha sido en esencia el viaje a la Isla con mi Isla a cuestas, y los fantasmas que me persiguen hasta el Fin del Mundo.

Fin del Mundo




Tras cuatro años y medio abandono el continente. La tierra firme me da náuseas y necesito, cada vez más, estar rodeado de ese bendito cáncer (¿deberé aclarar que es incurable?). No contar con la maldita circunstancia no me ha permitido, como alguna vez soñé, dormir a pierna suelta.

Tras dos años imparables por fin salgo de vacaciones, y tras un frustrado intento de un regreso anhelado, me he inventado esta Isla y me voy tras el fantasma de Popper, de Magallanes, de los presos... Me voy al Fin del Mundo.

Angustia

En estos días me ha tocado trabajar en horarios disímiles. Es una situación muy particular, ya que estamos ensayando un nuevo producto (nuestro) en un sector de una línea de producción continua (del cliente); y demanda nuestra presencia las 24 hs. Hace dos noches que me toca el turno de madrugada, de 00:00 a 08:00 hs, y la primera madrugada entre los controles y los problemas propios de la línea no tuve tiempo para nada.

Sin embargo, la otra noche, a la madrugada pude salir unos 20 minutos; a tomar aire y liberarme un poco del ruido de las máquinas. Sentado en un banco, eran cerca de las 05:00 hs y amagaba con amanecer... y caí en cuenta que en mis tiempos de madrugador incorregible... aproximadamente a esa hora, era inevitable sentir una angustia abrasiva y momentánea... casi siempre seguida de alguna que otra lágrima cobarde. En estos cuatro años, varias veces he madrugado y he visto amanecer yendo al trabajo o en alguna que otra circunstancia, pero nunca más he contado con la conciencia del que trasnocha y nunca más había sentido esa angustia lacerante.

Anoche, creo que he entendido ciertas cosas. Pero sobre todo, que la angustia no se ha ido, que sigue ahí, peligrosamente solapada; esperando poder trasnochar de nuevo a la entrada del puerto de La Habana, con el viento, el muro y la sal; esa sal del mar y de mis lágrimas. Anoche también he comprendido que definitivamente, el agua aun me rodea por todas partes; como un cáncer.

Bizca Reflexión

El primer capítulo/cuento de W (José Miguel Sánchez (Yoss);Letras Cubanas;1997) transcurre inicialmente en una fiesta en Miramar. Esa noche de sábado y en medio de la fiesta está «...la tribu de inefables fieles a las películas del sábado siguiendo en uno de los cuartos las peripecias de Rutger Hauer tratando de evadirse de una sofisticada prisión donde los reclusos llevan collares explosivos de diabólico mecanismo.»

Más acá de la ficción en sí... (que esta reflexión no intenta hacer METACRITICA literaria de la obra en cuestión) recuerdo que mientras leí por primera vez el libro, y particularmente esa frase, me sentí (como lector) muy cerca a la escena; y de cierta manera hasta casi parte de la escena:

No sé porque extraña razón yo recordaba exactamente el momento en que un sábado a la noche pasaron esa película (que ahora sé que se llama Peligrosamente unidos (Wedlock); 1991). Yo puedo perfectamente recrear en mi cabeza esa noche, tan común a otras noches de sábado; e independientemente de que lo narrado en W es una ficción (todo aquel que conozca la obra de Yoss o conozca personalmente a Yoss que saque sus propias conclusiones) yo de alguna manera me siento partícipe de ésa historia... de ésa noche... de ése sábado. Aunque quizás lo narrado no halla sucedido, y la fiesta hubiera sido un martes a la tarde en el turquino... ése sábado con ésa película existió y yo lo viví.

Esto me lleva entonces a lo narrado por Omar en su última entrada, sobre todo en la parte que en que Antuña, en el programa En el jardín de la noche pasa música New Wave y a las tres de la mañana un minirecital de The Doors... y una vez más no puedo evitarlo... ésa noche yo estaba en mis perras noches de insomnio, oyendo Radio Taíno y leyendo cualquier bazofia.

Cuan raro, cuan triste y cuan bello es poder compartir este tipo de recuerdos, fragmentados y esparcidos entre tanta gente; recuerdos con los que tratamos de reconstruir(nos) la ciudad toda, la vida entera y la isla infinita.

Reflexión para el Izquierdo

El Izquierdo es un cubano que al que en los últimos días se le está apareciendo el fantasma de irse de Cuba, como a muchos nos pasó... Y por las mismas razones que sostienen la existencia de este blog (o sea, todas y ninguna al mismo tiempo), comparto este comentario vago e impreciso, un poco como yo.

He estado madurando un par de dias este comentario... lo cual no garantiza que éste sea valedero. Igual, como siempre, me decido a escribir sin haber trazado un plan delineador de mis ideas, que de existir están bastante desorganizadas por lo general.

Salir de Cuba es un trauma que una vez superado, la sensación de vacío/plenitud que produce es tan neutra... que el más mínimo movimiento produce un desequilibrio monstruoso. Y para pensar esto debés imaginarte un desequilibrio espacial y multidireccional... no el clásico desbalance cachumbabeano.

Empezás una vida nueva, y cual esponja te nutrís de todo a tu alrededor. Sólo que hay una diferencia notable, la vida nueva te agarra ya con cierta experiencia, con ciertos recuerdos... y esto parace ideal, juventud y experiencia, nacer de nuevo sabiendo hablar, escribir y todo lo demás... pero nacemos y de golpe somos adultos, no hay pasos previos, no hay carrera de empuje, es el salto en seco y de golpe. Dependerá mucho de dónde caigas, con quién caigas, y cómo caigas... El conocimiento previo es un arma de doble filo, te ayuda a comprender mejor la nueva realidad, y a la vez te inhibe a comprenderla del todo. Faltará siempre la formación... la niñez, la juventud... ese tipo de pequeñas cosas que definen a un ser humano, a un ser adulto, a un ser. Esto puede ser flor o guadaña... como todo...

Vivirás largo tiempo un mundo con con las referencias del otro... por más que reniegues o te desentiendas. Dicen (yo no lo puedo asegurar aún) que tras mucho tiempo viene la adaptación, esa figurita difícil y compleja a la que muy adentro le tememos, porque en adaptarse y acostumbrarse se esconde agazapado el olvido, y no queremos olvidar, aunque lo neguemos.

La presión de la soga, o la exactitud de la balanza con la cual sopesarás son meros juegos de azar, breves impresiones, monedas al aire que puede que nunca regresen a tu mano; pero que de seguro caerán alguna vez... y por ahí... un día caminado te la encuentras... y descubrís que lo que creías cara es cruz... o que la moneda es borgeana e infinita como un aleph insondable... como la realidad en sí misma (que no ensimismada).

Salir de Cuba es morir... efectivamente, sin eufemismos de ningún tipo o color.

Pero la muerte no es mala per se, si lo pensamos con detenimiento y sin miedo; muchas veces es mejor que la hipocresía de cierta vida. Pero la vida nueva es sólo eso... nueva... lo cual no garantiza que pueda ser o no la misma de siempre. ¿Depende de uno? y... sí, pero no de manera exclusiva y no en todos los casos. La mayoría de las veces no podemos escapar a la voluntad de ciertos dioses, a ciertos azares o a la dialectica de ciertos contextos históricos, según qué interpretación de la realidad se prefiera.

Salir es morir... te lo dice un muerto.

Dia - Positivas


Había olvidado esto, los visores estereoscópicos con discos de diapositivas. Las diapositivas para ver de a una en el visor de mi padre, el que se trajo de Checoslovaquia en el único viaje al extranjero que ligó en su vida junto con una diapo (si, una sola) en la que salía en la nieve con unos compañeros de curso.


Los proyectores pesadísimos (cuyas fotos he intentado sin éxito encontrar), que se recalentaban a la segunda "película". Las tardes en que me imaginé que estaba en un cine, y que sí pasaba el rollo con suficiente rapidez, podía hacer ver las imágenes en movimiento.

Había olvidado esto, entre tantas cosas ya...

Radio - Grafía


Tenía 3 años cuando mi abuelo paterno me prometió regalarme su radio VEF, y antes de cumplir los 4 años mi abuelo murió y recibí la única herencia que me ha tocado en la vida.

En casa mi padre había comprado un Selena nuevo que era toda una sensación. Lo que pudimos conseguir en la casa del oro y la plata nos alcanzó sólo para el video SANYO Super Beta, así que el radio reloj digital despertador quedó postergado. Por aquellos tiempos la sensación era el vídeo…
El tipo de la tienda había usado un casete de Goofy el deportista para probarlo y olvido el casete dentro del aparato, así que tuve un pequeño receso de bolek, lolek y demás dibujos del Este, entre las alternancias de Donald y las ardillitas jodedoras repetidos hasta el infinito y chuncha, guaso, carburo y demás nacionales. A la par con el video vinieron unos siete u ocho casetes vírgenes con los cuales procedimos a grabar películas procedentes de la abundante y variada programación de la TVC, películas como Voltus V, Enemigo mío, entre otras que no recuerdo; Grabar y re-grabar y ver y re-ever, así ad infinitum. También mi padre por algún que otro negocio resolvió algunas otra películas, y antes que aparecieran los “bancos de video” teníamos armada una red bastante grande de intercambio, y a ninguno se le ocurría lucrar con ello. Luego el VHS fue copando el mercado, y la red solidaria de intercambio se volvió negocio.
Antes de eso, ya en casa se escuchaba radio. A la mañana Radio Reloj, infaltable, omnipresente, inevitable, eterno, como el tiempo en sí mismo. Luego al mediodía en casa escuchaban Radio Progreso, todas las radionovelas de la tarde; alguna que otra vez escuche La familia Pirulí y a las ocho el plato fuerte siempre fue Alegrías de Sobremesa… con Rita… Paco… Estelvina… Sarría… Cristinito… y tantos otros históricos que bajo el guión de Luberta, la conducción de Rosillo y la siemprepresente Aragón han dejado una marca imborrable en el alma cubana. A la noche a veces se escuchaba Nocturno (Atentos… tras la pausa… grabando) y por ahí se escuchaba En nueve minutos (ese programa raro que no se sabía si era en serio o en chiste). En los tiempos más duros en casa se les dio por escuchar Radio Martí… pero sólo escuchaban la novela Esmeralda, Se soltó el loco con Pototo y el Zodiaco, el resto, entre la interferencia y los contenidos aturdían demasiado.
Un tiempo me dedique a vigilar todo el espectro de Ondas Cortas, Radio Francia Internacional, Radio Exterior de España… entre otras más o menos interesantes. Años después sobrevino el insomnio… y un programa que me hizo adicto… En el jardín de la noche… en Radio Taino, con Eduardo Antuña (ojo no confundir con Camilo Egaña), después le sucedieron por lo menos dos locutores y para cuando me fui si mal no recuerdo habían terminado el programa. Ahora revisando encuentro que está en la grilla de programación de Radio Taino (broadcasting from radio centro in havana) así que puede ser que haya vuelto, o que nunca se haya ido y yo me haya imaginado que había desaparecido como buscando una excusa más para irme; como enajenando mi percepción de La Isla ya en las postrimerías de mi partida, como para que me doliera menos partir; partir y dejar la radio VEF que me dejo mi abuelo, dejarla ahí, sin pilas y al costado de mi vida entera…