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Aterrizaje

Y por fin, las ruedas del avión tocaron fondo,
tocaron tierra.


Se arrastran por el pavimento duro,
áspero y mojado.


En las ruedas del avión estoy descalzo,
y el asfalto me frota las plantas
y me lima los huesos:
me desgarra
la carne,
me descose
las vértebras.

El instante no tarda,
pero es infinito:
como si la calle fuera a tragarme con lentitud
y duda,
como reparando en cada porción
infinitesimal
de mi medio cuerpo,
reparando
en cada paradoja.


Cuando se detiene descubro
perplejo
que aun tengo manos
y medio torso sobre el asfalto;
y descubro también que
la humedad
de la pista es mi sangre marchita,
y mi esperma.

EXPIRAMOS

Porque hay cosas que se van y ya,
ya no vuelven más.

Lucha Almada.

Tiempos lejanos que no volverán,
en que el aire era más puro, la comida más sabrosa;
todo agradable al tacto, todo distinto a nuestros ojos;
y la música más hermosa,
y nuestros corazones rebosaban de alegría,
y reímos...
Pero perdimos la risa espontánea,
la ternura cardiaca;
y la música se tornó ruido,
y nuestros ojos por gafas lentes o la vida no ven lo mismo:
y cambiaron nuestros dedos, y la comida perdió el sazón,
y el aire se contamina cada vez más...
Suspiramos,
y con oxígeno en nuestros pulmones,
sentimos que aquellos tiempos pasaron,
y la vida esta pasando,
mientras,
lentamente,
expiramos...


La Habana, adolescencia de 1996